¿EXISTE RELACION ENTRE LA CALIDAD DEL PROFESOR Y LOS RESULTADOS DE SUS ESTUDIANTES?
La reciente publicación de los resultados de la evaluación docente 2009 por parte del Ministerio de Educación de Chile, mostrando que un 30% de los profesores evaluados no alcanzó el nivel considerado “suficiente”, ha causado natural preocupación tanto en el ámbito educacional como gubernamental. Si uno pudiera relacionar el trabajo en aula de estos docentes con los logros de sus estudiantes, probablemente encontraría una clara vinculación entre una mala evaluación docente y un pobre resultado en las pruebas estandarizadas de sus estudiantes, los cuales probablemente terminarán perteneciendo a los grupos más vulnerables de la población.
La relación positiva entre un buen profesor y los buenos resultados de sus estudiantes ha sido ampliamente investigada por los especialistas y es motivo de preocupación, en términos de política educativa, en los países más desarrollados. A manera de ejemplo, durante la pasada semana, una fuerza de tarea de 50 miembros del Distrito Escolar Unificado de Los Angeles, en el Estado de California, Estados Unidos, liderada por el presidente de la Junta Directiva de Educación del Estado e integrada por directivos educacionales, profesores, dirigentes sindicales de los docentes y padres/apoderados, recomendó cambiar el proceso de evaluación docente, ligándolo a los resultados de las pruebas estandarizadas, junto a otros componentes tradicionales como la retroalimentación de los directores, sus pares docentes y los padres.
Esta discusión nos lleva a considerar nuestra propia intuición y/o experiencia, en la cual profesores excepcionales hacen de la escuela un lugar interesante y estimulante. Dichos docentes demuestran pasión por las materias que enseñan y una preocupación genuina por los estudiantes con quienes trabajan. Sabemos empíricamente que estos profesores efectivos tienen una directa influencia en mejorar el aprendizaje en el aula. Años de investigación sobre la calidad de los docentes demuestran que los profesores efectivos no sólo hacen que los estudiantes sientan gusto por la escuela y el aprendizaje, sino también que su trabajo incida directamente en un mejor desempeño de sus alumnos. Lo anterior lleva a concluir que el factor más importante que afecta el aprendizaje escolar es el profesor; y lo más importante, estos docentes efectivos parecen serlo con estudiantes de diferentes desempeños, a pesar del nivel de heterogeneidad de sus aulas.
Conscientes que el desempeño docente es una de las variables determinantes en los aprendizajes de los educandos, el contar con docentes eficientes y efectivos aumenta su posibilidad de logro, posibilitando dar un gran paso cualitativo en la educación, especialmente en la educación pública, donde se observan las grandes carencias y debilidades. Parece lógico que un profesor profesionalmente competente debiera tener un excelente desempeño docente, incluyendo su contribución al mejoramiento de la gestión de la escuela. Incluso bajo condiciones mínimas, debería ser capaz de levantar el rendimiento de sus alumnos, revirtiendo el estigma de los malos resultados que persigue a los sectores de escasos recursos. Tal vez los expertos pudieran discrepar sobre la importancia del tamaño de la clase o de la escuela, sobre las características y tipo de sostenedor, sobre si el financiamiento es el adecuado o no, y muchos otros factores que afectan a la obtención de un aprendizaje exitoso, pero esta larga lista de factores siempre estará encabezada, en primera prioridad, por la importancia que se le asigna a la calidad del profesor.
En la vereda contraria, es fácil imaginar la sensación de fracaso y desesperanza que experimentan muchos niños y sus padres por los bajos resultados escolares, seguramente pensando que algo anda mal con ellos, cuando en la realidad la responsabilidad yace en una mala instrucción. Aquí cobra más fuerza la frase que señala que “detrás de un buen profesor siempre hay una buena educación”. La calidad del profesor sí importa cuando de aprendizaje se trata y su impacto perdurará a lo largo del tiempo. Si un profesor hace la diferencia en el aprendizaje de sus estudiantes ¿no debería entonces relacionarse su trabajo en el aula con el desempeño de sus estudiantes en las pruebas estandarizadas?; ¿No debería ser el logro de los estudiantes una medida esencial de la efectividad de los docentes?;
¿Entrega información suficiente la evaluación del desempeño de los docentes para que ellos puedan crecer profesionalmente?; ¿Qué incentivos están comprendidos en las evaluaciones del desempeño docente que contribuyan a incentivar la educación continua y retribuir a los profesores por sus aportes al éxito de sus alumnos?; ¿Cuentan nuestras comunidades educativas – MINEDUC, DAEM’s, Sostenedores Privados – con estándares profesionales para los profesores?; si estos existen, ¿cómo se relacionan con los estándares de desempeño de los estudiantes?
Jorge Jiménez Espinoza, Ph.D.
Decano, Facultad de Ciencias de la Educación
Universidad San Sebastián
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